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Presidentes en conflicto con los éxitos de su país

Atrapada. La distancia trazada por la presidenta del triunfo de la selección mexicana y del éxito del acto inaugural del campeonato de futbol podría prevenir de una consternada activista contra el sistema de negocios (algunos ciertamente turbios) de la FIFA. Pero no se explica en la jefa del Estado anfitrión del evento. En su intento de control de ese daño autoinfligido, sólo usó esos logros compartidos por millones de mexicanos como arma para deturpar críticos con su ominosa frase de que les va mal a quienes apuestan contra México. Además de que se le puede revertir por su fijación ideológica, una doblez insuperable y una conducta extraña, atrapada, como se advierte, entre las brumas de su antigua militancia antisistema y su actual estatus a la cabeza del sistema.

Hartazgo. En comparación con la oportunidad perdida, de poco servirá su ensayo de frases falsas o falsos eventos para congraciarse con los jugadores y con una población necesitada de compensar el desánimo nacional con euforia y exaltación nacionalista. Lo que retendrá la gente es el hecho -sin precedentes en los mundiales- de que la presidenta de México no estuvo allí para aguantar las expresiones de hartazgo ciudadano, tomar su lugar en el estadio y disfrutar -con medio país- el resultado del partido, cuya celebración -dentro y fuera del Azteca- hubiera eclipsado la rechifla.

Aflicción. Igual con logros de mayor trascendencia. Un régimen ausente del éxito del país de verse liberado de dos poderosas cabezas criminales: frialdad de la presidenta ante la noticia de la ejecución del sanguinario Mencho y berrinche de AMLO por el traslado del Mayo a la justicia de Estados Unidos: presidentes afligidos por la suerte de criminales, ciertamente definida por el rol estadounidense en ambas operaciones, algo previsto o previsible en los tensos acuerdos y desacuerdos en la materia.

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