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Cuba, los héroes se hicieron capitalistas

Cuba tendrá un capitalismo sin democracia. Una especie de modelo chino, pero montado desde las ruinas.

La apertura económica anunciada por Miguel Díaz-Canel es la constatación de una derrota, pero a la vez la muestra de cómo la burocracia en el poder estirará la liga hasta donde se pueda.

“Es tiempo de cambiar todo lo que tiene que ser cambiado”, dijo el presidente cubano.

La reforma, que se impulsa en un contexto de máxima urgencia, consta de 176 propuestas y 23 ejes. Quizá el mamotreto de instrucciones es lo último que quedará de la planificación al estilo soviético, un suvenir para entrar en las aguas broncas del libre mercado.

Lo más destacado es que se permitirá la banca privada, que empresarios podrán comprar combustible, ahí donde se pueda y los dejen, y que el peso cubano tendrá que enfrentar su triste realidad para ajustarse a su valor, pero ahora ya no en el mercado negro, sino en las ventanillas de las sucursales.

Los cubanos en el exterior podrían invertir en la isla. Un guiño a la diáspora, que seguramente requerirá de mayores seguridades para hacerse realidad y estará sujeta a determinaciones del gobierno de Donald Trump, sobre todo en lo que respecta a la comunidad cubana en Miami, Florida.

Son cambios que se tuvieron que hacer desde hace décadas, pero que se pospusieron por los temores fundados de que la apertura económica pueda implicar, tarde o temprano, la necesidad de abrir también el régimen político.

Pero es justo ahí, en la construcción autoritaria, donde no dan su mano a torcer, al menos por ahora, a la espera de que la liberación económica, aunque sea modesta, les de oxígeno para sobrevivir como casta dirigente.

Ojalá las medidas funcionen o al menos alivien las penurias en las que sobrevive el grueso de los cubanos.

Pero no será sencillo y más ante los múltiples amagos que desde Estados Unidos seguirán enfrentando.

El propio Díaz-Canel lo reconoció el negarlo: “No estamos haciéndolo por las presiones de los yanquis, sino porque hemos llegado a un momento de madurez y reflexión”.

Y remató con una fantasía: “Cuba decide sin más permiso que el de su pueblo”.

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