Todo está consumado. Con la imposición de los nuevos consejeros del INE, la democracia en México podría invocar esta así llamada séptima palabra de Cristo, justo antes de expirar. El Mesías resucitó al tercer día. La democracia tardará algo más. Como en el corrido El Sinaloense: “cuando reviente la bola”. ¿Con una ruptura interna del régimen, una rebelión electoral incontenible por los aparatos de control y manipulación de los procesos y los resultados electorales, como en Hungría?
Resurrección. También podría resucitar la democracia ante un ahondamiento de la descomposición del país que resulte inmanejable por la incompetencia y la corrupción dominantes. O un desbordamiento mayor del crimen y la impunidad. O el hartazgo de una ciudadanía despojada de sus derechos y libertades. O la insostenibilidad de una economía en la raya de la recesión, ahogada por la ausencia de seguridad en todos los campos.
Indicadores. En una democracia funcional sería axiomático un desplome electoral ante las cuentas de casi 8 años del actual régimen, en asesinados y desaparecidos, destrucción de las instituciones de la democracia, estancamiento económico, cierre de empresas, desempleo e inflación, entre otras calamidades. Incluso ante uno solo de estos indicadores negativos, como comprobó Bush padre en su campaña de reelección: con la popularidad en las nubes de 1989 a 1991, por la caída de la Unión Soviética y el triunfo en Irak, fue derrotado en 1992, en que el país entró en recesión.
¿Más AMLO/Sheinbaum? James Carville, el asesor electoral del ganador, Clinton, alcanzó celebridad con este su segundo punto de campaña, ‘the economy, stupid’. Pero está el primero: “más de lo mismo”. Tras el domino republicano de 8 años de Reagan, la reelección de Bush completaría 16. Pero con nuestros indicadores, ¿qué significaría “más de lo mismo” tras estos primeros casi ocho años de AMLO/Sheinbaum?
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