Hay momentos en los que la política contemporánea parece repetir historias mucho más antiguas. Europa, sin ir más lejos, vuelve a dar esa sensación incómoda de no terminar de decidir su propio rumbo. Como en el mito del rapto, cuando Europa es llevada sin resistencia aparente por Zeus, el continente se mueve hoy entre fuerzas que lo superan, o que al menos lo condicionan más de lo que le gustaría admitir. En ese contexto aparecen dos intentos de reacción que …
