Resulta que retirarse ya no es retirarse. Antes uno pensaba que después de gobernar un país con más problemas que la cena navideña con la familia política, lo lógico era irse a La Chingada, escribir memorias heroicas de hazañas inventadas y tomarse selfies con gallinas. Pero no. Hay quien no sabe bajarse del escenario aunque el público ya se fue, apagaron las luces y el conserje está barriendo a sus pies. En lugar de desaparecer con dignidad (ese lujo que …
