La estridencia discursiva desde el atril presidencial de la Sra. Sheinbaum ha llegado a límites insospechados. Resulta preocupante la pérdida de formas, fondo y seriedad en la narrativa presidencial. El espectáculo ya raya en lo grotesco. El origen de esto tiene relación directa con la obsesión de Andrés Manuel López Obrador de hablar diariamente. AMLO no tuvo reparo en imitar las eternas jornadas discursivas de su adorado Fidel Castro Ruz. Tampoco tuvo empacho alguno en emular las emisiones sabatinas de …
