Durante unas semanas, México hizo algo que parecía haber olvidado: creer. Los estadios llenos, las camisetas verdes, la frase en los recibos del súper y en los muros de las ciudades: "¿Y si sí?" No era solo futbol. Era un permiso colectivo para imaginar que lo improbable podía suceder. Eso no es menor. En un país donde la esperanza política lleva años desgastándose entre promesas incumplidas, volver a creer tiene valor. El escepticismo permanente no nos hace más críticos; muchas …
