En 1915, desde su exilio madrileño, Martín Luis Guzmán diseccionó en La querella de México no una crisis económica, sino una tara moral en la clase dirigente. En La inmoralidad del criollo, uno de los ensayos que integran el libro, describía una debilidad intelectual y ética que, tras un siglo de supuestas revoluciones, sigue siendo el guion del poder en turno. Para Guzmán, nuestros males son de carácter. El “criollo” —ese espécimen que hoy ocupa palacios y mítines— padece una …
