Dice un político español que los problemas más críticos en la administración pública no residen en que el gobernante sea de extrema derecha o extrema izquierda, sino de extrema estupidez, porque entonces sus acciones estarán condenadas al fracaso y lo pagará la sociedad entera. Tal cual sucedió en 2018 cuando López Obrador decretó, por sus pistolas, que los funcionarios debían ganar menos que el presidente. La medida, por supuesto, fue demagogia pura para arengar a la galería y, siete años …
