México tiene un problema histórico con la justicia. Se denuncia poco, se investiga menos y se castiga todavía menos. Frente a esa realidad, durante décadas las víctimas aprendieron una fórmula que debería avergonzarnos como país. Cuando una fiscalía no escucha, hay que buscar una cámara, un micrófono o hacer suficiente ruido en las redes sociales. La presión mediática terminó convertida en una institución informal de nuestro sistema de justicia. Una desaparición que llega a los medios, un homicidio que provoca …
