No hay tirano que soporte la crítica, mucho menos que permita el libre intercambio de ideas que lleva a un pensamiento propio. Su megalomanía no aguanta que alguien desentone en el coro de halagos que lo acompaña siempre. Buscan con ansiedad las maneras en las que callar a los críticos, ya sea a través de la censura abierta o imponiendo condiciones para que la valentía de alzar la voz salga tan cara que no valga la pena. Por suerte en …
