Son muchas las voces mexicanas expresando admiración y envidia por el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney. Elogian la seriedad del orador, su trayectoria gubernamental y, evidentemente, el contenido del discurso. Se pasa por alto lo más importante: un discurso como ese no se improvisa ni es resultado de la inspiración de un escritor. Es la consecuencia de una deliberación seria dentro y fuera del gobierno canadiense. Un par de años antes de la elección presidencial estadounidense de 2024, …
