La escena es conocida. El mandatario se baja de su camioneta perfectamente lavada, disfrazado con el traje típico de la región a la que fue de gira, presume cifras imposibles de corroborar, acude a un hospital que ha tenido más inauguraciones que pacientes. No importan los hechos. Esos estorban cuando se quiere dinamitar la verdad, obligar a las personas a desconfiar hasta de sus propios ojos y que los fundamentos se conviertan en meras opiniones. Dentro del amplio abanico de …
