Manos sobre la ciudad. Contra el lema oficial de ‘La pelota vuelve a casa’, la capital se volvió, en las vísperas del Mundial, una pelotera. El coloquialismo ilustra el paisaje de riñas y grescas, trifulcas y algaradas, vandalismo y sabotajes en el llano, e incompetencia y agandalles en el poder. Es el saldo inicial de un régimen anclado en la ineptitud y lastrado por la corrupción política y pecuniaria. Una tierra sin ley y un régimen con las manos sobre la ciudad, a la manera de la clásica película de ese nombre, de Francesco Rosi. Referida ésta a la Italia de la posguerra, en manos de especuladores criminales de la vivienda, aquí, aparte de eso, estamos en manos de la extorsión, también criminal, de la CNTE.
Ajolote agusanado. Estamos también en manos de una autoridad que, en lugar de gobernar y planear el equipamiento urbano con miras a un evento de gran visibilidad, como es el Mundial, no se le ocurre otra cosa que pintar los bienes públicos con tintes personales de la gobernante, próximos a los colores de su partido oficial. Y se inventa un adorno, como si fuera su casa, con un ajolote agusanado como símbolo nacional, o de la ciudad. En cualquier parte del mundo civilizado, esas decisiones se someten a consulta pública. Pero aquí no había tiempo ni ánimo para hacerlo.
Perros. Un Palacio Nacional doblemente amurallado es el retrato de un régimen doblemente atemorizado e inhibido de toda acción frente al desbordamiento de los grupos de choque que el régimen suponía propios. pero que ahora lo humillan, como lo hacen los vándalos de la CNTE. Exigen una paga mayor por el rescate de la capital secuestrada. Sus ‘perros’, llamaba Mussolini a los suyos, también desbordados por encima de las estrategias de manipulación del dictador.
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