El politólogo advierte en Conversaciones para Decidir con Libertad que la crisis de los partidos no es ideológica sino organizativa, que aprovecha Morena
El politólogo advierte en Conversaciones para Decidir con Libertad que la crisis de los partidos no es ideológica sino organizativa, que aprovecha Morena

Mientras dirigentes partidistas, estrategas electorales y consultores discuten cuál debe ser el mensaje capaz de derrotar a Morena en 2027 y 2030, el politólogo Raudel Ávila sostiene que el problema real se encuentra en otro lugar: en la desaparición de las estructuras territoriales que durante décadas conectaron a los partidos con la sociedad.
Durante una conversación con Pablo Hiriart y Julián Andrade en la serie Conversaciones para Decidir con Libertad, de La Aurora, el especialista planteó que la obsesión por construir narrativas ha sustituido el trabajo político de base.
"La veo a escala local, no la veo organizada integralmente a nivel nacional. Veo figuras excepcionales a lo largo de varios estados de la República, pero realmente no alcanzo a percibir un esfuerzo concertado, serio y bien organizado de la oposición como tal", afirmó.
Su diagnóstico parte de una observación que contradice buena parte del debate público actual. Mientras muchos especialistas centran la discusión en el discurso, el relato o la comunicación política, Ávila considera que la verdadera batalla se está perdiendo mucho antes de llegar a las campañas.
"¿Con qué discurso vamos a vencer a Morena? ¿Con qué mensaje? Ahora le dicen narrativa. Llámenle como quieran. Desde mi perspectiva, lo que debería ser prioritario es la construcción de bases territoriales, lo que antes se llamaba estructuras. No las veo".
Durante años, especialmente después de la derrota de 2018, la oposición apostó por la idea de que la comunicación política podía compensar la pérdida de presencia social.
La lógica parecía estar en encontrar el mensaje correcto para conectar con una ciudadanía desencantada; sin embargo, para Ávila, esa apuesta ha demostrado ser insuficiente.
Su argumento es que los partidos dejaron de escuchar a la sociedad porque dejaron de convivir con ella.
La política profesional comenzó a desarrollarse en oficinas, centros de análisis, consultorías y redes sociales, mientras desaparecía el trabajo cotidiano en colonias, comunidades y barrios.
"No se trata de inventar en un salón un discurso y luego ir a proponerlo, sino recoger primero el sentir de los grupos populares, de las colonias y de los liderazgos sociales. Entonces sí articular un discurso en función de eso".
Uno de los elementos más provocadores de la entrevista es la reivindicación de las estructuras políticas tradicionales.
Durante mucho tiempo, la construcción territorial fue presentada como una práctica asociada al viejo PRI y a formas de operación política consideradas obsoletas.
Ávila discrepa. "La oposición, sobre todo la panista, insiste en decir que esos son mitos del viejo PRI, que eso ya no existe, que eso ya no funciona. Pero acabo de ver a las estructuras arrasando en Coahuila".
El ejemplo resulta significativo porque contradice una de las ideas más extendidas en la política contemporánea: que las campañas digitales han sustituido al trabajo territorial.
Según el analista, la evidencia muestra exactamente lo contrario, porque las estructuras siguen siendo decisivas donde existen.
Por eso observa que mientras Morena mantiene una maquinaria territorial eficiente en buena parte del sureste del país, la oposición continúa apostando por debates discursivos que no terminan traduciéndose en organización política.
"También veo a las estructuras de Morena arrasando en los estados del sureste", señaló.
La pérdida de estructuras partidistas y el debilitamiento institucional tienen, según Raudel Ávila, una consecuencia que es la apertura de espacios para la penetración del crimen organizado en la vida pública.
Durante la conversación, el politólogo sostuvo que la relación entre política y delincuencia no surgió de manera repentina ni comenzó con la llegada de Morena al poder. Se trató de un proceso gradual que durante décadas fue creciendo sin encontrar límites efectivos.
La diferencia, advirtió, es que antes existían fronteras informales que separaban la corrupción política de la captura política. Según su explicación, el fenómeno comenzó con prácticas que durante años fueron normalizadas dentro de la cultura política mexicana.
"Lo que empezó como la aceptación de un sobrecito con dinero", recordó, fue evolucionando hacia formas cada vez más profundas de dependencia entre autoridades y grupos criminales.
Ese tránsito incluyó acuerdos de protección, participación conjunta en negocios, financiamiento electoral y, finalmente, la influencia directa sobre candidaturas y gobiernos.
"Después fue una asociación más directa en la instalación de negocios, después fue aceptar patrocinios de campaña y posteriormente ya fue colocación de cuadros específicos, designación de gente a petición expresa de los delincuentes", explicó.
Para Ávila, el problema actual es que esa dinámica terminó modificando la relación de fuerzas.
La advertencia del politólogo es que México podría estar observando una nueva fase del fenómeno, donde no hay solamente organizaciones criminales corrompiendo autoridades, sino estructuras criminales participando de manera activa en la configuración del poder político.
Por eso considera insuficiente explicar la crisis actual únicamente desde la óptica de la seguridad pública y lo que está en juego, afirma, es la capacidad del Estado para conservar el monopolio de las decisiones políticas.
"Estamos observando al narco como un actor directo de la política y de las elecciones en México", señaló.
Desde esa perspectiva, la infiltración criminal aparece como el síntoma más visible de una crisis institucional más amplia donde se observan partidos debilitados, estructuras territoriales abandonadas, instituciones desacreditadas y espacios políticos que dejaron de ser ocupados por organizaciones civiles o partidistas para ser disputados por poderes fácticos.
La consecuencia, concluye Ávila, es que la reconstrucción democrática exigirá mucho más que una alternancia electoral.
La conversación completa la puedes ver en la siguiente liga
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