Hay organizaciones donde todos parecen estar de acuerdo. Las reuniones terminan rápido. Casi nadie cuestiona. Las decisiones se aprueban por consenso. Desde fuera, parecen organizaciones sanas. Hasta que aparece el primer desacuerdo importante. Entonces descubrimos que nunca hubo consenso. Solo había unanimidad. Confundimos ambas cosas con frecuencia, pero son casi opuestas. La unanimidad elimina el conflicto. El consenso aprende a trabajar con él. Cuando buscamos unanimidad, el desacuerdo se interpreta como una amenaza: alguien está dividiendo, retrasando o complicando las …
