Hay una batahola estos días en relación con lo que el gobierno llama los “derechos de las audiencias”. El asunto tiene dos componentes. Uno es la pretensión de imponer censura a medios, plataformas, redes y personas incómodas porque al narcogobierno le enerva, le duele todo lo que opinan; el otro, psicológicamente aleccionador, es que revela que el estado de ánimo y la autoestima de la presidenta y su gobierno andan tan bajos que su sistema linfático ya no los protege …
