Antes de intercambiar una sola palabra con alguien, nuestro cerebro ya comenzó a construir una historia sobre esa persona. En una fracción de segundo decidimos si alguien parece confiable, competente, cercano, autoritario o descuidado. Después vendrá la conversación que podrá confirmar o desmentir esa primera intuición. Pero para entonces ya ocurrió lo más importante: la primera impresión. La primera impresión es precisa, poderosa y generalmente permanente. Es difícil cambiar una primera impresión porque nuestro cerebro buscará información que confirme aquello …
