López Obrador ha sido un cínico siempre. No le importaba mostrarse como un hipócrita redomado. Presumía que él no era igual, que no mentía, no robaba ni traicionaba pero se reía cuando le señalaban que estaba mintiendo, como diciendo sí, estoy mintiendo ¿y qué?; también daba las justificaciones más infantiles sobre la corrupción de sus hijos y amigos. Disfrutaba más el enojo que causaba en sus críticos que ser descubierto como un personaje falso e incongruente; se ufanaba de su …
