Con relativa frecuencia surge en las conversaciones con amigos una pregunta acuciante: ¿por qué si México es un país de mayoría cristiana, vivimos agobiados por una profunda crisis de humanidad? Por lo regular, se responde con el estribillo de la falta de compromiso y testimonio así en la vida privada como pública; pero esa respuesta me parece muy insatisfactoria. Por un lado, conduce al fatalismo. Puesto que nada se pueda hacer ante la falta de compromiso de los demás, sólo …
